Martes , 27 Junio 2017
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Voluntarios NO …En España

 

BOMBEROS VOLUNTARIOS EN ESPAÑA

 

Este tema es un asunto peliagudo donde se mezclan vocaciones de ayuda altruista con intereses profesionales.

Voy a explicarme:

La vocación de ayuda es casi, un instinto básico de los seres humanos cuerdos. Esta vocación puede desarrollarse en muchísmas áreas del quehacer de la vida, y llevarla hasta sus últimas consecuencias, que en muchos casos significa poder vivir dignamente de ella y en otros, sacrificios abnegados en pos de ayudar.


Este impulso está en la mayoría de las profesiones relacionadas con la sanidad, la emergencia, las labores sociales y un largo etc. Nadie debería pensar que el desempeñar cualquier profesión remunerada relacionada con la ayuda deba ser mal visto. No tendría sentido. Médicos, cirujanos, sacerdotes, bomberos, misioneros, por nombrar solo algunos profesionales lo hacen día a día, como parte intrínseca de su trabajo y viven de ello, unos mejor que otros, pero todos lo hacen.

 

Por supuesto, como ya he contado en otros artículos relacionados, una parte significativa de estos profesionales, después de serlo y generalmente acreditando su formación, acaban contribuyendo con sus aportaciones  en grupos altruistas de diversas actividades, que en definitiva intentan hacer un mundo algo mejor. El matiz viene en que estos voluntarios, primero se han capacitado profesionalmente en base a largos años de estudio, preparación en cursos, prácticas, masters, seminarios etc. y luego de forma voluntaria aportan su formación al servicio de los demás por el mero hecho de AYUDAR. 

Es evidente de que no todos los que ayudan tienen capacitación profesional en lo que hacen, pero en Médicos sin Fronteras, por supuesto que lo que más necesitan son eso, médicos. Independientemente de que tengan mucha más gente sin cualificación de ese nivel, pero que como es lógico, no se dedicarán a diagnosticar la malaria, para la que un médico sí está capacitado. 

Profundicemos más aún y vamos a plantearlo por el método de reducción al absurdo con un ejemplo hipotético: 

A alguien le encanta la cirugía, pero por circunstancias, no ha podido estudiar la carrera de

   ¿Será lo mismo lo que uno sabe después de muchos años de estudio y preparación en una carrera, que lo que sabe alguien “aficionado”?

medicina y menos la especialidad. Pero supongamos que existe una agrupación de voluntarios que dan una formación “interesante y sumamente práctica” sobre este campo y allí acuden todos los que quieren ejercer como tal, pero no tienen ni el título ni la formación. Ahora, alguien con una peritonitis aguda, va de urgencias a un hospital donde los que están de guardia, por ser un puente festivo, son esta agrupación de voluntarios. ¿Crees que el paciente se sentiría seguro en sus manos?, aún contando con la buena voluntad y disposición de los paramédicos. ¿Será lo mismo lo que uno sabe después de muchos años de estudio y preparación en una carrera, que lo que sabe alguien “aficionado”? (y no le doy sentido peyorativo a la expresión).

A colación de esta cuestión podemos poner el reciente caso tristemente famoso ya, del accidente de Ortega Cano, donde independientemente de otros factores de los cuales se hace eco el papel couché, se dio la circunstancia de que intervinieron, tarde y mal, una brigada de bomberos voluntarios entre los que se encontraba un medallista paralímpico como parte de su dotación. Con todos mis respetos merecidos para esta persona y su espíritu de conciencia social, ¡No habría pasado las exclusiones médicas que se exigen para los bomberos profesionales en una oposición! Esto es una auténtica incongruencia, primero para los que se “exprimen” física y mentalmente para sacar esta durísima oposición y después para las posibles víctimas, donde tiene que salvarles una persona con algunas limitaciones físicas que le confieren cierto rango de minusvalía. En fin, cada uno que valore esto por si mismo y saque sus propias conclusiones.

Intervinieron, tarde y mal, una brigada de bomberos voluntarios entre los que se encontraba un medallista paralímpico como parte de su dotación.
  

Entrando de lleno ya al motivo de esta reflexión, podemos ver que históricamente los servicios de bomberos nacieron de la necesidad de tener unos medios especiales para hacer frente a los percances relacionados, en un principio de forma casi exclusiva, con el fuego fuera de control, y en los que participaban todos los  que podían de forma voluntaria. Rápidamente se constató la necesidad de dotar de medios y formación a estas personas para poder solventar de mejor manera y con menores costos en daños los problemas que surgían. Y así nacieron los primeros servicios de bomberos profesionales (al menos en España). En la mayor parte de las grandes capitales tienen bastante más de un siglo de antigüedad.

Esta es la solución más lógica para un trabajo sumamente especializado como el nuestro. Hoy día disponemos de infinidad de material sofisticado de últimas tecnologías y aparecen constantemente nuevos métodos y técnicas relacionadas con nuestro trabajo. La tecnología que nos hace más fácil y cómoda la vida, en muchas ocasiones, cuando suceden los accidentes, se vuelve en contra del “salvador”. Pues lo que está diseñado para ayudar en condiciones normales, a veces cuando surge el contratiempo serio, se convierte en un problema técnico y/o de seguridad importante que requiere de una solución sumamente especializada. Solo un profesional en constante formación y reciclaje puede estar a la altura de todo esto, puesto que vive y le pagan por ello. Con todos mis respetos hacia los voluntarios y su vocación. Nunca podrán estar a la altura. Sí en ganas y vocación de servicio, pero no en nivel de eficiencia y seguridad.

El problema radica en el dinero (siempre acabamos en esto). Desde el punto de vista de las administraciones, es mucho más económico canalizar la buena voluntad de la gente que quiere ayudar (y no solo en cuanto a bomberos se refiere), que dotar de medios profesionales a los servicios de emergencia. Puesto que estos últimos son muchísimo más costosos, dado que requieren instalaciones de formación, mucho personal remunerado y material de última generación, que las administraciones deben comprar y mantener para estar a la altura de lo que cobran en impuestos. Así que en muchos países esta solución “fácil” se ha potenciado de forma explícita.

Algo que no todos saben es que al menos en Latinoamérica los propios cuarteles se autofinancian de forma muchas veces precaria y con escaso o nulo apoyo de las administraciones, si hacemos la salvedad de las “alabanzas y honores” de héroes que se les profieren para que persistan y no pidan profesionalización. Es curioso, pero aunque mayormente los voluntarios están en los países latinos y sobre todo en los más carentes de recursos económicos, otros como los Estados Unidos disponen de un número de voluntarios muy importante, en especial en las áreas rurales, que aunque no lo parezca en las películas, son la mayoría en tan enorme país.

 Aunque esto pueda parecer un “golpe bajo” a los voluntarios. Nada más lejos de mi intención. No pongo en duda su voluntad ni sus intenciones, pero sin ser esto la norma ni la generalidad, si que es un ejemplo de lo que puede suceder.

Esta actuación sería absolutamente impensable en un cuerpo profesional. Simplemente no habría sucedido esto.

En definitiva y recapitulando en cuanto a la realidad, al menos en España. Nadie se pone cuando “la situación aprieta” en manos de entusiastas aficionados. Buscan profesionales, porque están en juego su vida, su patrimonio, o ambas cosas. Sobre todo cuando además, es la propia Administración la que provee de estos medios profesionales. Entonces, por qué motivo tenemos que estar de acuerdo con que nos atiendan aficionados de vocación  cuando la situación “aprieta” en lo relacionado con nuestro trabajo.

Sinceramente yo no me sentiría completamente seguro. ¿Y tú?….

 

 

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