viernes , 14 diciembre 2018
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El día que pase algo

Me planteo muchas cosas sobre el Servicio de Bomberos o lo que hoy en el reino de las siglas en que vivimos, gustan en denominar SPEIS. Son reflexiones que hago, supongo que similares a las de otros compañeros del Ayuntamiento, que como yo trabajan en él y por él desde hace más de 30 años y ven cómo ha cambiado nuestra cultura de empresa, nuestras creencias, ideas, valores, conceptos… tal vez esté demasiado aferrado a aquella época y deba evolucionar, pero creo que algunos de estos, sobre todo, valores y conceptos, sería mejor que permanecieran para siempre.


Llevo unos días que no dejo de darle vueltas al accidente sufrido hace no muchas semanas en el que, afortunadamente, salieron ilesos dos compañeros, y no hubo que lamentar víctimas ni heridos en terceros.

Un camión de Bomberos perdió el control y voló por la mediana del acceso al puerto hasta alcanzar el sentido contrario de la autovía quedando la unidad totalmente destruida, un vehículo totalmente nuevo que puede que hubiera intervenido en 2 o 3 emergencias y con un coste próximo a los 250.000 euros.

Bueno, pues parece que ya está, no hay heridos. ¿Lo dejamos así? ¿Habrá preguntas que hacerse, no? Yo al menos creo que así es pero, insisto, ¿alguien está haciendo algo? ¿Ya está?

En incontables ocasiones he escuchado y he participado de ese recurrente comentario “el día que pase algo”. ¿Qué es lo que tiene que ocurrir para que reaccionemos, para que nos hagamos las preguntas necesarias y afrontemos con profesionalidad estos graves avisos? Sinceramente me gustaría pensar que quien tiene la autoridad para corregir las cosas lo esté haciendo aunque no lo sé muy bien, no estoy convencido de ello, es más, nadie dice nada y entonces vuelven a aparecer esas dudas conceptuales que mencionaba al principio.

Quizás no sean muy conocidos pero hay matices importantes en este asunto que me gustaría repasar y que aclaren lo mencionado hasta el momento, sin olvidar que los accidentes, accidentes son y que afortunadamente solo hablamos de daños materiales.

En primer lugar, durante años se ha ido poco a poco y de forma general, sin causa justificada, depreciando las tareas de los conductores de bomberos, antes llamados chóferes hasta que alguien pensó, en el mismo marco, que esa definición podía entenderse inferior o peyorativa en comparación con la del bombero propiamente dicho sin tener en cuenta la importancia y responsabilidad que acarrea el desempeño de las funciones de conductor dentro del conjunto del equipo. Y así, lentamente hemos llegado al día de hoy en que como en Madrid, donde las niñas no quieren ser princesas, en Bomberos nadie, bueno, mejor dicho la mayoría, no quiere conducir, sólo algunos veteranos parece que mantienen aquel espíritu de la profesión de la conducción, aunque también es cierto que accedieron al Servicio de Bomberos a través de un proceso selectivo específico para conductores.

Los conflictos a cuenta de este tema han sido muchos, variados y repetidos a lo largo de los años, hasta el extremo que se ha hecho poco o nada por resolverlo, un momento, no quiero mentir, aplicando la técnica de “bicho fuera” y elaborando bases de convocatoria tras convocatoria que podrían satisfacer a algún delegado de la parte social y que para nada tuvieron en cuenta la profesión y experiencia de chófer, el personal de nueva incorporación ha ido entrando promoción tras promoción a Bomberos con un carné recién sacado para poder cumplir los requisitos de las bases y rezando por que si obtiene plaza a la que opta no le asignen las tareas de chófer.

¿Nadie ha pensado en que los conductores tienen que traer la profesión y experiencia con ellos? Una vez incorporados, el sistema horario y las probabilidades de salir y conducir con todos los vehículos existentes en Bomberos no tiene nada que ver con lo que se exige a un conductor profesional de vehículos pesados. Van a manejar máquinas con un valor superior a 600.000 euros y eso puede que sea lo de menos cuando se han de mover por la ciudad, en muchas ocasiones con una gran densidad de tráfico de vehículos y peatones esas 15 o 20 toneladas con sus compañeros dentro y de urgencia, para más precisión y compromiso.

¿Nadie se ha dado cuenta de que los bomberos se forman en Bomberos y los conductores no están en la misma situación?
No parece que lo ocurrido siquiera sirva de aviso, ni que entre tanto jefe haya hecho abrir los ojos a quien pueda evitar algo más serio. Tan solo pido que reflexionemos, que no esperemos a que pase nada más.

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