viernes , 22 febrero 2019
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Cómo rescatar a un alumno que no ve

Un curso enseña a profesionales de las emergencias y la educación cómo evacuar colegios con estudiantes sordos, ciegos, minusválidos o autistas.


El terapeuta y psicólogo muestra cómo reducir a un niño con trastornos de conducta que esté atravesando una crisis. - Javier Cuesta

En una situación de emergencia, como un incendio, puede darse el caso de que un policía o un bombero entren en un colegio y necesiten rescatar a niños sordos, ciegos, con minusvalías que les impidan andar o, lo que es aún menos conocido, con trastornos de la personalidad que les hagan reaccionar de formar diferente al resto, como les pasa a los autistas. Y en esos casos deben saber que un niño ciego se siente más seguro si puede sujetarse a otra persona, o que un autista necesita que lo tranquilicen antes de pedirle que salga de un lugar.

Para adelantarse al día en que les pueda ocurrir, 200 profesores, policías locales y nacionales, bomberos, sanitarios del 061 y trabajadores de entidades que atienden a discapacitados asisten ayer y hoy a unas jornadas del Centro del Profesorado de Sevilla y la Asociación Profesional de Gestores de Emergencias (APGES), con la colaboración de la ONCE, la Asociación sevillana de parálisis cerebral y otras entidades afines. “Estas jornadas nos sirven a todos, pero en especial a los que corremos hacia adentro cuando todos corren hacia afuera”, explicó Antonio Barea, presidente de la APGES y policía local.

La profesora que tendrá que sacar al niño ciego de la clase si hay un peligro aprendió ayer cuánto miedo da fiarse de otro: con un antifaz puesto, tuvo que agarrarse a otra compañera y avanzar, bajando escaleras, rodeando muebles. “Más despacio, que me parece que me voy a caer”, decía una de las asistentes al taller sobre discapacidad visual, denominado Veo a través de tus ojos. En él, técnicos de la ONCE mostraron planes de evacuación escritos en braille y contaron que los niños tienen que estar familiarizados con las salidas de emergencia y saber previamente dónde pueden acudir en busca de información. “¡Pero dile que la escalera se ha acabado!”, le decía una monitora a una lazarillo, que reaccionaba rápido: “¡Es verdad! Por aquí, peligrosidad cero”, indicaba.

Las jornadas, que se celebran en el Colegio Ortiz de Zúñiga, incluyen sesiones prácticas en cinco talleres. La discapacidad auditiva se trata en un taller llamado Mis manos son mi voz, en el que los asistentes tienen un primer contacto con la lengua de signos y aprender palabras básicas para explicar una situación de peligro, además de entender que a un niño sordo hay que mirarlo mientras se le habla y que, aunque no escuchen las sirenas de emergencia, hay dispositivos con luces para que las vean que pueden instalarse en los centros.

El taller sobre problemas de movilidad, Nos movemos juntos, incluye ejercicios para aprender a trasladar a personas con movilidad reducida sin hacerles daño, con técnicas específicas según el grado de discapacidad y a qué parte del cuerpo afecte.

Entre los talleres más interesantes, por desconocidos, están los de discapacidad intelectual y trastornos del espectro autista, que se ha resumido en el lema Dame información para comprender qué está pasando y, por último, el que se detiene en los trastornos de conducta más graves, en el que se enseña el protocolo de contención física, una técnica que se emplea para contener actitudes descontroladas de pacientes que puedan herirse a sí mismos o a otros al encontrarse fuera de control.

“Ahora entiendo por qué cuando le hablo a un niño autista en el recreo se asusta”, decía una profesora, después de entender que a los autistas hay que hablarles con calma y tono sosegado siempre, incluso si el colegio está en llamas. O más bien, sobre todo si el colegio está en llamas. Para situaciones extremas, el psicólogo y terapeuta Miguel Domínguez explicó cómo sujetar a un niño que está fuera de control. Lo que más le costó fue explicar a los profesores que ese niño les va a pegar, y tan fuerte que a dos adultos les costará sujetarlo, porque está asustado “y tiene la adrenalina por las nuebes”. “Es la forma de sacarlo de una situación de peligro sin hacerle daño”, insistía, recordándoles que el mayor riesgo para estos niños durante una situación de crisis son ellos mismos.

Las jornadas, que están siendo retransmitidas a través de Facebook y Twitter, se cerrarán hoy con la lectura de conclusiones, que se publicarán en la revista Central de emergencias (www.centraldeemergencias.com).

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