lunes , 30 marzo 2020
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´La ´ley de los tres 30´ del viento de poniente marca los grandes incendios´

Experto en la investigación de incendios. El valenciano Vicente Pons es uno de los grandes expertos españoles en la investigación de incendios, no obstante es autor de la primera tesis doctoral en Europa sobre la dinámica del fuego, el origen y causas de los incendios. La firma de ingeniería forense que dirige ha investigado incendios como el que mató a 11 brigadistas en Guadalajara o el que que devastó la torre Windsor de Madrid.


RAFEL MONTANER VALENCIA
Los incendios forestales más devastadores que sufre la C. Valenciana, como este de Ontinyent, siempre coinciden con «ponentades». ¿Por qué?
Porque se dan los tres parámetros que determinan la dinámica de un incendio forestal: temperaturas por encima de los 30ºC, vientos de más de 30 km/h y una humedad relativa del ambiente inferior al 30%. Es la llamada «ley de los tres 30».

¿Es cierto que la mayoría de fuegos son intencionados?

Yo diría que la mayoría son de causa desconocida. Para decir que un incendio forestal es intencionado hay que determinar fehacientemente dónde se origina y cual es la causa que lo desencadena, y eso no se debe hacer a base a descartar factores. Tampoco es de recibo clasificar un incendio como doloso cuando el monte está ardiendo. En mi opinión, primero se debe extinguir el fuego y después investigar. Incluso aunque sospechemos que es intencionado, si no determinamos la causa tenemos que ser humildes y decir que su origen es desconocido.

¿Cómo se sabe entonces si son provocados?
En estos casos lo que se sigue es la metodología de las evidencias físicas y determinar el origen. Esto último, excepto raras circunstancias, se logra siempre. Ahora, identificar la causa ya es más difícil. No olvidemos que el incendio tiene unos efectos destructivos, y que la fuente que genera el calor desaparece con el propio incendio. Si no aprendemos a investigar incendios pequeños, que se localizan en las cunetas de la carreteras porque se tira una colilla, y no somos capaces de encontrar pruebas que identifiquen ese cigarro, no las vamos a encontrar cuando están ardiendo cientos y cientos de hectáreas.

En Ontinyent se ha detenido a un brigadista forestal, y no es la primera vez que se da esta circunstancia. Hay quien les acusa de quemar el monte para tener trabajo o por no ser contratados ¿Se está creando un monstruo?

Puede ser que haya parte de razón, pero no creo que se trate de algo generalizado. Hay brigadistas que son muy buena gente pero, como en todos los colectivos, hay otros que no lo son. No creo que haya brigadistas que provoquen incendios por cobrar más horas extras. Si que hay algunos, más que brigadistas, miembros de los servicios de intervención y emergencias que desearían tener un fuego para poder ser protagonistas y «lucirse» en la extinción. Desconozco el caso detenido por el incendio de Ontinyent, pero se que ha sido puesto en libertad. Yo creo que para imputar a alguien de un delito tan doloso como provocar un incendio intencionado hay que tener todas las pruebas. El médico forense no determina un asesinato hasta que no identifica el arma y la causa.

¿Sigue siendo un negocio quemar el monte?
Siempre hay excepciones, pero en términos generales pienso que ya no lo es. Las leyes de urbanismo prohíben construir en zonas quemadas. El negocio de la madera está a la vista que no va bien, basta ver que hay muchos montes quemados en los que los pinos se quedan allí. Yo creo que hoy los incendios intencionados fundamente se deben a gente que se ve marginada de la sociedad por algún motivo y se venga quemando los montes. De hecho, en Canadá, decidieron prohibir las campañas publicitarias de prevención de incendios porque estimulaban a este tipo de personas. Y, por otro lado, a casos de vandalismo, a aquellos que quieren hacer una gamberrada con el fin de divertirse y el fuego se les va de las manos, como en Tarragona, donde hace un año murieron cinco bomberos. Los provocados por pirómanos, por personas con un trastorno mental de los impulsos ante el fuego, son pocos.

La falta de civismo también enciende la mecha del monte en muchas ocasiones
Efectivamente, todos los años mucha gente sale a hacer una paella o una barbacoa al monte, convencida de que si se propagan las llamas las va apagar con los pies sin que pase nada. Y eso no es así. No saben las consecuencias que tiene que se prenda la hierba baja y seca. Esto, como el tirar basura al monte, es un factor de riesgo importante.

Tras investigar el incendio forestal de Guadalajara de 2005, en el que murieron 11 brigadistas, ha escrito el libro «La explosión de la montaña» ¿Cómo es este fenómeno?

Cuando el incendio progresa a una velocidad superior al metro por segundo decimos que el monte explosiona. Para que el fuego adquiera esta velocidad enorme y se produzca una deflagración hacen falta dos parámetros. Primero que haya una pendiente elevada, el fuego siempre va hacía arriba, y segundo que no haya árboles que frenen el frente del incendio. En una explosión del monte siempre se observa que la pendiente está desnuda de árboles, solo hay monte bajo y hierba seca.

¿Eso pasa muchas veces?
Sí, por poner algún ejemplo, también se dio en la isla de la Gomera en 1984, donde perecieron 20 personas, entre ellas el gobernador civil, y aquí en el incendio de Millares de 1996, en el que perdieron la vida un concejal, su chófer y cinco brigadistas. En todos estos casos hubo un cambio repentino de viento que se produce por corrientes anómalas que se dan dentro del microclima que crea el incendio, y que se producen en el fondo o en el entorno de un barranco, donde nunca deberíamos estar. Además, la gente estaba situada en un lugar sin árboles. Cuando el frente del incendio llega al monte bajo y adquiere velocidad, no hay tiempo para escapar. La pendiente y el polvo de los matorrales y hierbas secas hacen que la velocidad del frente supere el metro por segundo. En Guadalajara, por ejemplo, las llamas se propagaron a 129 km/h.
Allí se criticó la falta de medios

Si hubieran habido más medios, habría muerto más gente. La explosión del monte no se puede paralizar. Hay que intentar prevenirla, lo cual no es fácil. Esta es una lucha que se presenta todos los años y que siempre perdemos, porque cuando se inicia el incendio forestal la guerra está perdida.
¿Entonces, la clave es la prevención?

Claro. El incendio forestal es muy difícil y en la extinción influyen mucho los factores naturales, como el cambio de viento, etc… Pero hay que tener en cuenta que protección no es prevención, de nada sirve tener muchos vehículos y muy sofisticados si no los sabemos usar. Prevención es formación. La gente que participa en la lucha contra el fuego está expuesta a un alto riesgo, y por lo tanto necesita una buena formación.

¿Es partidario de que se limite el acceso al monte en épocas de alto riesgo?

Para mi sí. Cuando yo era pequeño iba al monte con una cantimplora y un bocadillo frío. Hoy han hecho caminos forestales para que algunos señoritos vayan de excursión con un coche echando chispas, donde se fuma un cigarrillo y encima quieren vino, gaseosa y chuletas. Todo eso son factores de riesgo potencial. En época de alto riesgo de incendios el monte debería estar cerrado a cal y canto, por supuesto.

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