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Lo único que te pedimos es que guardes las formas puesto que el respeto es indispensable y la libertad de las personas acaba donde empieza la de los demás.
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Blog personal i polític de Manuel Cáceres
Hoaxes, mentiras y espíritu crítico
Confieso que el tema de los hoaxes o bulos es una de las cosas que más me han conseguido sacar de quicio en los trece o catorce años que hace que internet entró en mi vida. No es que me cueste entender a la gente que los crea, porque siempre podemos encontrar uno u otro motivo para ello, o a veces más de uno a la vez: desacreditar a alguien (un gobierno, un partido político, una marca, una empresa), conseguir direcciones a las que luego spamear o símplemente intentar demostrarse a ellos mismos hasta dónde pueden ser capaces de difundir su invento. Malos motivos, pero motivos al fin. Pero sí que me es más difícil entender a las personas que, aunque sea con toda su buena intención, lo que no pongo en duda, distribuyen cualquier cosa que les llega, sin importarles cómo de grande sea la barbaridad que se están prestando a difundir, y sin ni tan siquiera plantearse si ese texto que han recibido y del que nos hacen partícipes tiene o no un mínimo sentido (quizás es que ni tan solo lo leen, y no sé qué es peor).
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•Escrito por Bombero83•
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He visto una sociedad indolente y dolientes sin sociedad, quizás todo hace parte de esa teoría lacónica y mordaz que reza: "El hombre tiende a la autodestrucción".
Quizás todo pueda ser cierto y de una forma u otra hacernos, como bomberos, vamos en contra vía de esa teoría, al intentar que no se mueran los que se quieren morir, o los que se creían inmortales, intentamos también transportar a nuestros congéneres, para que no se mueran el día que otros quieren, sino verdaderamente el día que les toca.
Mientras los transportamos, en una ambulancia, de la manera más humana posible, nos damos cuenta de la tragedia de una sociedad no tan humana. La intolerancia, la imprudencia, el licor, el odio viseral o la inocencia.
En una ambulancia, la humanidad se redime y es demasiado pequeño el espacio de una ambulancia para condensar tanta tragedia, tanta desdicha, tanto dolor. Pero también hay esperanza, los bomberos la tenemos, los rescatistas, las auxiliares de enfermería, los paramédicos también la poseen. En los adentros de una ambulancia se escuchan lamentos de angustia y dolor que se confunde con el ulular de la sirena. En ella viajan seres: enfermos, lacerados, convulsos, contusos, agonizantes, fracturados, heridos, baleados, envenenados, intoxicados, cuasi-muertos, imprudentes, enojados y hasta putos. Victimas y victimarios.
Se puede escuchar el testamento de un hombre que presiente la muerte que no llega, el motociclista borrachito que se fractura, arrolla un ciclista y nos pide perdón, los motociclistas que se accidentan y se mienten a si mismos diciendo que iban despacio, también hemos visto seres que literalmente se mueren de hambre tirados en cualquier rincón de la ciudad, hombres o mujeres que gritan de dolor y piden que los dejemos morir, mujeres violadas que nos hacen pensar … y podemos llegar a pensar que las cosas no van a cambiar, que la humanidad no es capaz de tolerar ni de perdonar, ni mucho menos de dar, ni tan siquiera las gracias porque les hemos salvado la vida; pero cuando cuando llegamos al cuartel de bomberos, todos esperamos que nos haya ido bien. Y nos ha ido bien hemos salvado una vida y hemos pensado que todo algún día va a cambiar, así no nos hayan dicho Gracias, quizás el que un día nos agradezca sea el mismísimo Dios.
CRÓNICA
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